Ganan 23 millones menos que el mínimo
Por cada trabajador con alza directa, casi tres informales cobran por debajo del salario mínimo. El piso que se fija en diciembre les queda arriba.
Por Arturo Rivero
Cada fin de año, México discute cuánto debe subir el salario mínimo. Casi nunca discute a quién le llega. La cuenta incomoda: el alza de 13% de 2026 tenía como posibles beneficiarios a 8.5 millones de personas aseguradas en el IMSS, según México, ¿cómo vamos?. La misma organización estimó que 23.1 millones de trabajadores informales ganan menos que el nuevo mínimo y no reciben un beneficio directo. Son casi tres por cada uno.
Esos 23.1 millones equivalen a 70% del empleo informal. Y la informalidad no es un rincón del mercado laboral: en septiembre, el INEGI contó 32.6 millones de personas en esa condición, 54.3% de la población ocupada.
Un análisis de Banamex lo plantea así: el mínimo ya está por encima de lo que normalmente gana un trabajador informal. Más de la mitad de quienes cubren jornada completa cobra menos. Si se suman las jornadas parciales o intermitentes, son cerca de dos de cada tres.
La razón está en cómo se cumple la norma. Un aumento se hace valer con contrato, nómina e inspección. Quien trabaja sin registro no tiene nada de eso, y quien trabaja por su cuenta no tiene patrón a quien reclamarle. Esa condición, explica Héctor Magaña, investigador del Tec de Monterrey, “acota únicamente los beneficios tangibles de los incrementos del salario mínimo”.
Eso no significa que el aumento pase de largo. Un estudio publicado por Estudios Económicos, de El Colegio de México, halló que el alza de 2026 y los incentivos fiscales en la frontera norte también elevaron los salarios de asalariados informales y su probabilidad de pasar a un empleo formal.
Magaña propone mirar más allá del porcentaje: “Más que regulación, debe de haber cierta focalización, detectar a los sectores más vulnerables”.
La Comisión Nacional de los Salarios Mínimos resolverá en diciembre. Un mínimo más alto es una buena noticia para quien lo cobra. La pregunta que sigue sin mesa es qué hará el país con quienes trabajan debajo de ese piso.